Antes que nada, calma. Si no se sabe donde ir, a veces lo mejor es quedarse quieto, por un momento, pensar y reaccionar paso a paso, podemos estar al borde del precipicio y un mal paso sólo empeorará las cosas. No se alarme, somos los responsables de la planta y tenemos herramientas que nos ayudarán a salir del inconveniente, sólo hay que saber buscarlas y usarlas en el orden correcto, y, para eso, debemos estar calmados y concentrarnos en el objetivo, poner la planta a punto.

Lo primero, hay que saber con qué contamos. Haga un inventario de los equipos, líneas de trasiego e instalaciones, busque el manual de operación, un operador antiguo, la memoria de cálculo, y confirme la información, no se confíe. Una vez tenga esa lista, camine la planta, ¿dónde llega el agua?, ¿qué camino toma para pasar por todos esos equipos? No se preocupe aún si las cosas tienen o no sentido, eso viene después, simplemente ubíquese en la planta y sus detalles. Con esa lista y el recorrido, haga un diagrama de flujo completo, no asuma nada, si algo no tiene sentido o se “pierde”, desentierre, quite, ordene, haga lo que tenga que hacer para tener en un papel y de forma clara todos los equipos y la relación entre ellos en términos de flujo de agua. Felicidades, ya conoce, ahora si, su sistema de tratamiento de agua, su planta.

Lo segundo, identifique subsistemas dentro del gran sistema de tratamiento. Es mejor comerse el chorizo en rodajas, decía mi abuela, ¿qué equipos son de pretratamiento? ¿cuáles de alimentación de agua? ¿dosificación? ¿homogeneización? ¿filtración? ¿qué equipos de esa lista constituyen cada subsistema? Por ejemplo, un subsistema de tratamiento secundario de agua residual probablemente tendrá un tanque, laguna o espacio de reacción (aerobia y/o anaerobia), un sistema de aireación en el caso de sistemas aerobios, que constará de sopladores, difusores, finalmente un sedimentador secundario, sistemas de recirculación y drenaje con sus respectivas bombas. Un sistema de desinfección de agua para potabilización tendrá filtros, un producto desinfectante (hipoclorito de sodio o calcio, ozono, U.V.), un sistema dosificación y reacción, bueno, anótelos y más adelante los evaluaremos como un sistema más pequeño que hace parte de un todo.

Tercero, evaluemos cada subsistema. ¿funcionan las partes de este subsistema correctamente? ¿existen desvíos, taponamientos, válvulas en mal estado o rupturas en las tuberías? ¿las bombas y su sistema de control trabajan bien? ¿los sistemas de instrumentación están calibrados y en servicio? Lo más importante, ¿cumple el subsistema o proceso unitario su objetivo? Por ejemplo, en un sistema de DAF, compuesto por sistemas de dosificación de polímero (tanque + agitador + bomba), floculador en línea, bomba de recirculación de agua, rastrillos y sistema de inyección de aire. ¿Funciona todo de forma adecuada? Es decir, al final del proceso ¿el agua de salida del DAF no presenta turbiedad, lo cual es señal de presencia de sólidos suspendidos, fallas en la remoción y por lo tanto incumplimiento del objetivo de un DAF, es decir, remoción de sólidos suspendidos? O más simple, después de una rejilla o filtro, ¿el agua se ve mejor que antes? Anote todos los sistemas que no cumplen su trabajo y vamos a enfocarnos en ellos.

Un consejo antes de seguir, por ahora, confíe en que quien diseñó la planta sabía lo que hacía, tratemos de entender los criterios que llevaron a quién decidió la clase, orden y magnitud del proceso antes de crear prejuicios y conclusiones apresuradas, de pronto podamos aprender algo.

Cuarto, cuantifiquemos. Lo que no se mide, no se controla, lo que no se controla no se administra y lo que no se administra no se mejora. ¿Cuánta agua entra al sistema?, ¿Cuánta capacidad volumétrica tienen mis tanques? ¿Cuánto es el tiempo de retención en cada etapa? ¿Cuánto consumo de insumos químicos, energía, aire, bacterias? Y, lo más importante, ¿Cuáles son las eficiencias en términos de parámetros a tratar de cada subsistema? Y para saber esto necesita algo vital, caracterizar el agua que entra y sale de cada uno de los subsistemas, sólo así sabremos si sirve o no, y por cuanto está fuera de lo esperado.

Quinto, manos a la obra. Ataquemos el problema desde lo que menos eficiencia tenga. Al mejorar un proceso, lo más probable es que los procesos subsiguientes mejoren. Recuerde, poco a poco y con buena letra, una vez logremos mejoras en un subsistema, pasemos al siguiente, sin prisa, cuantificando resultados. En esta etapa es posible que nos encontremos con sistemas que no son necesarios, redundantes o que resultan costosos de operar, aquí entra nuestro aporte y buscaremos mejorar el proceso con la incorporación de nuevas prácticas operacionales, satelización de procesos o la incorporación de nuevos procesos de cara a los desafíos que tengamos en el momento.

Una última cosa, en mi primer trabajo en mantenimiento me enseñaron que ningún trabajo termina hasta que todo queda ordenado. Actualice el diagrama de flujo, manual de operación, procedimientos, etiquete los equipos y flujos según el código, así como usted querría encontrar su próxima planta a mejorar.

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