Todos hemos estado en esa comprometida situación. El nivel de agua sube rápidamente ante la impotencia del operador que trata desesperadamente que el agua no se desborde. Si es una estación depuradora el problema es peor, las implicaciones son serias y comprometen la salud pública: malos olores, contaminación, labores de limpieza y en últimas, pérdida de confianza en nuestra labor como gestores del ciclo de agua.

¿Qué pasó? ¿demasiado caudal? ¿taponamiento de la bomba? ¿falló el sistema de control de nivel? ¿falla en el sistema de válvulas o la tubería? Todos hacen sus conjeturas, pero el culpable es solo uno, diseño deficiente.