El tratamiento de agua no implica solamente la transformación de los parámetros del agua cruda a valores de vertido dentro del rango permitido por la ley. El tratamiento también comprende el manejo del lodo generado, sus implicaciones legales, y los costos asociados a su transformación y disposición. Pero, ¿cómo mejorar la eficiencia del proceso de deshidratación?, ¿cómo cumplo con los parámetros de ley?, ¿cómo reduzco los costos y mejoro la eficiencia? La respuesta: el acondicionamiento de lodo.

Todos hemos estado en esa comprometida situación. El nivel de agua sube rápidamente ante la impotencia del operador que trata desesperadamente que el agua no se desborde. Si es una estación depuradora el problema es peor, las implicaciones son serias y comprometen la salud pública: malos olores, contaminación, labores de limpieza y en últimas, pérdida de confianza en nuestra labor como gestores del ciclo de agua.

¿Qué pasó? ¿demasiado caudal? ¿taponamiento de la bomba? ¿falló el sistema de control de nivel? ¿falla en el sistema de válvulas o la tubería? Todos hacen sus conjeturas, pero el culpable es solo uno, diseño deficiente.

Cuando se habla de caracterizar un agua residual, lo usual es realizar un análisis fisicoquímico, el cual dependerá del tipo de agua en estudio. Una primera consideración que surge es: ¿Cuál es el propósito para hacer la caracterización? A manera de ejemplo, entre otros, podría ser:
Medir impacto ambiental que tendría el agua y/o saber si cumple normas sobre vertimientos.
Identificar y cuantificar los contaminantes para propósitos de diseñar un sistema de tratamiento.
En el caso de tratamiento de aguas residuales industriales, conocer el impacto que tendrían sobre la calidad del efluente final los distintos afluentes de A.R. generados en los procesos de manufactura, y, de esta manera considerar una potencial segregación de corrientes.

Las grasas y aceites constituyen uno de los contaminantes más fáciles de remover, aparentemente, y que al mismo tiempo tienen mayor impacto en la eficiencia de mi PTAR

Las G y A afectan negativamente la transferencia de oxígeno del medio al agua, y del agua a los microorganismos encargados de oxidar la materia orgánica, es decir el metabolismo, principalmente de las bacterias aerobias. Por otro lado, disminuyen la velocidad de sedimentación, reduciendo la densidad del sólido a separar. Finalmente, puede, aglomerado con otro tipo de sólidos como papel, cabello y toallas, generar taponamientos en las líneas de agua (fatbergs) con los costos de mantenimiento y parada asociados.}

Las plantas depuradoras, tanto de agua ordinaria como industrial, plantean desafíos inherentes a las características del agua a tratar. Sin embargo, existen parámetros comunes que, una vez controlados, nos permiten ajustar mejor las variables de cada proceso unitario específico a dichas características. A través de los años, hemos identificado 5 parámetros que pueden ser la diferencia entre lo que queremos y lo que tenemos.

Si usted tiene un DAF, clarificador primario o sistemas similares de separación sólido líquida, es posible que sepa de qué hablo. Un floculador es un equipo utilizado casi siempre como complemento en tratamiento primario, que, en principio, debe acelerar la dispersión de químicos y permitir un tiempo de reacción suficiente para que lleve a cabo su función de desestabilización de partículas y formación de flóculo para luego ser separado por diferencia de densidad del agua, ya sea por flotación o sedimentación (en algunos casos incluso filtración).