La taxonomía en general es la ciencia que estudia los principios, métodos y fines de la clasificación. La taxonomía incorpora un conjunto de definiciones orientadas a apoyar a diferentes actores del sector público y privado, tales como emisores de bonos, inversionistas, instituciones financieras, entidades públicas, entre otros, en la identificación y evaluación de inversiones que pueden cumplir con objetivos ambientales y que pueden ser consideradas como verdes o ambientalmente sostenibles en Colombia. En el caso particular de la taxonomía verde, la estrategia de clasificación busca dar mayor claridad con el fin de canalizar recursos que contribuyan a las metas ambientales. Es decir, una estrategia para garantizar el financiamiento sostenible basado en un sistema de clasificación para actividades económicas y activos con contribuciones significativas al logro de objetivos ambientales, también conocidos como ODS – objetivos de desarrollo sostenible-, establecidos por la ONU para mitigar el cambio climático con meta en el 2030.  Con la taxonomía verde se busca también garantizar el cumplimiento de los altos estándares de sostenibilidad ambiental internacional y aumentar la transparencia en estas inversiones.  Es decir, se establece un marco legal, con reglas claras, que garanticen que su inversión sea considerada “verde”, de tal manera que se puedan obtener los beneficios derivados de dicha inversión.

En sistemas de separación solido – liquido, mediante clarificación / sedimentación, flotación, filtración, centrifugación, etc., los procesos de coagulación y floculación son esenciales. El grado de eficiencia de estos procesos se mide por la rapidez con que se forma y crece el floc, así como también por su tamaño y la facilidad como se separe. Es decir, el tipo de floc que se forma es el que finalmente mide el grado de eficiencia del sistema de tratamiento que se tenga.

Antes que nada, quiero ser sincero, odio la palabra “coach” y lo que implica. ¿Por qué?, porque ante todo soy empresario, no tengo todas las respuestas ni perspectivas y, en ocasiones, necesito ayuda. He contratado “coach´s”, asesores, guías, que más que ayudarme, me han “alquilado”, por el breve tiempo que compartimos, confianza, conocimiento, respuestas y, una vez han cobrado su dinero, se han marchado sin realmente solucionar el problema, me ha tocado solo y esta vez con menos recursos económicos.

La independencia no es fácil, es un proceso difícil, pero un proceso, al fin y al cabo, que deber ser asumido con sabiduría y sobre todo estrategia. En esta guía resumida les comparto paso a paso, el camino a seguir, cuidando nuestros limitados recursos de tiempo y dinero de tal manera que obtengamos el mayor provecho y lo más importante lograr ser felices haciendo lo que nos gusta de manera sostenible con el ambiente, con la sociedad y con nuestra economía personal.

Si desean conocer más a fondo cada parada del camino, los invito a leer la “Guía de emprendimiento para millennials” donde cada paso está detallado en un lenguaje sencillo y claro.

El mercado en general, ese grupo que reunía a consumidores actuales y potenciales en búsqueda de satisfacer una necesidad ha cambiado. De hecho, la propia definición de mercado ha cambiado, por que el mercado ha cambiado. Los clientes ya no buscan un producto que satisfaga su necesidad, ni un proveedor que se las brinde. Los clientes ahora se crean, en un viaje en el cual usted ya no es el héroe que brinda la solución, que el cliente  desea. Nuestro papel como proveedores es el un mentor que guía al verdadero protagonista de la historia en su objetivo, y, en ocasiones, él ya ha recorrido gran parte de ese camino sin usted.

Si usted tiene entre 20 y 30 años, sus nietos probablemente vivan en una situación de estrés hídrico toda su vida. Los datos más recientes de la ONU indican que para el 2030 más de la mitad de los países del mundo, muchos de ellos situados en África, tendrán carencia de agua debido a un aumento de casi 45% en la demanda. Dicho de otra manera, hará falta casi un 45% del agua necesaria para mantener las actividades humanas al ritmo que se ejecutan hoy en día.

El tratamiento de agua no implica solamente la transformación de los parámetros del agua cruda a valores de vertido dentro del rango permitido por la ley. El tratamiento también comprende el manejo del lodo generado, sus implicaciones legales, y los costos asociados a su transformación y disposición. Pero, ¿cómo mejorar la eficiencia del proceso de deshidratación?, ¿cómo cumplo con los parámetros de ley?, ¿cómo reduzco los costos y mejoro la eficiencia? La respuesta: el acondicionamiento de lodo.

Todos hemos estado en esa comprometida situación. El nivel de agua sube rápidamente ante la impotencia del operador que trata desesperadamente que el agua no se desborde. Si es una estación depuradora el problema es peor, las implicaciones son serias y comprometen la salud pública: malos olores, contaminación, labores de limpieza y en últimas, pérdida de confianza en nuestra labor como gestores del ciclo de agua.

¿Qué pasó? ¿demasiado caudal? ¿taponamiento de la bomba? ¿falló el sistema de control de nivel? ¿falla en el sistema de válvulas o la tubería? Todos hacen sus conjeturas, pero el culpable es solo uno, diseño deficiente.

Cuando se habla de caracterizar un agua residual, lo usual es realizar un análisis fisicoquímico, el cual dependerá del tipo de agua en estudio. Una primera consideración que surge es: ¿Cuál es el propósito para hacer la caracterización? A manera de ejemplo, entre otros, podría ser:
Medir impacto ambiental que tendría el agua y/o saber si cumple normas sobre vertimientos.
Identificar y cuantificar los contaminantes para propósitos de diseñar un sistema de tratamiento.
En el caso de tratamiento de aguas residuales industriales, conocer el impacto que tendrían sobre la calidad del efluente final los distintos afluentes de A.R. generados en los procesos de manufactura, y, de esta manera considerar una potencial segregación de corrientes.